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El tipo se me pegó en el metro

Apreciados Gessen:


Hace un tiempo en un sitio público, en el cual hacía espera en la línea para comprar un boleto, una persona que estaba detrás de mí se me pegaba de tal manera que le reclamé. Me pidió disculpas y se puso tan apenado que pensé que más bien era yo quien había exagerado, pero a los pocos minutos volvió a hacerlo, disimulado, y hasta sentí que estaba erotizado en sus partes genitales. Me volví y le dí un carterazo, y comencé a gritar. El tipo salió corriendo y se perdió en la multitud. ¿Qué se puede hacer con un aberrado como ése? ¿Encerrarlo en un manicomio o llevarlo a la cárcel? Beatriz.

Estimada Beatriz:


En lugares públicos, en oportunidades, podemos encontrar personas que se "pegan" a otras de manera al menos extraña. La conducta sexual, al igual que todo el comportamiento humano, es plural y compleja. La mayor parte de las definiciones que nos dan los diccionarios acerca del vocablo "normal", indican que es normal todo lo que se adecua a un patrón usual o característico. Pero, lo insólito y lo atípico cambian según las culturas y varían con el paso del tiempo.
Para ciertos autores, algunas de las formas de conducta sexual reciben el nombre de desviaciones, perversiones o aberraciones. Se aplican sustentándose en la conformidad cultural. Nosotros utilizaremos el término de parafilia, derivado del griego para, que traduce "cerca de" y de philein, "amar", para aludir lo que suele denominarse como "desviaciones".

Las parafilias se caracterizan por ser impulsos sexuales intensos y recurrentes, fantasías o comportamientos que implican objetos, actividades o situaciones poco habituales. Estos trastornos producen malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo (CIPAJ, 1999).

Cuando hablamos de parafilias, hablamos de una particular forma de organización de la sexualidad. En la mayoría de los países, y de acuerdo a las leyes, se las denomina perversiones, y en el lenguaje popular como aberraciones, desviaciones o degeneraciones.

La sexología las considera una disfunción del amor heterosexual, en la que está comprometida la intención de la relación sexual, la fantasía y la conducta sexual en sí misma.

Debemos tener en cuenta su carácter compulsivo, su repetición y la imposibilidad de canalizarlo voluntariamente hacia otra forma de sexualidad. Estas conductas pueden incluir a otra persona, de forma voluntaria o no. En estos casos, donde el sujeto parafílico "somete" a otro, hablamos de parafilias asociales. La mayor parte de los abusadores sexuales se encuentran en esta categoría y sus actuaciones son consideradas delitos en muchos países.

Otras parafilias, si bien no conllevan riesgo para otros, sí lo tienen para el sujeto parafílico, ya sea por la intensa angustia que precede a la consumación del goce parafílico, o por las situaciones sociales a las que se ve expuesto. A diferencia de los sujetos que despliegan su sexualidad dentro de la norma, el sujeto parafílico presenta un repertorio sexual muy limitado. Solamente encontrará calma frente a su ansiedad mediante la repetición de sus escenas, y toda variación hará que su interés sexual decaiga. Sin esta reiteración no habrá goce ni posibilidad orgásmica.

Es significativo señalar que las parafilias son predominantemente masculinas.

¿Cómo se genera una parafilia?



En la historia de los sujetos parafílicos generalmente encontramos padres ausentes, con carencias emocionales y soledad frente a la propia sexualidad. Falta de modelos sexuales que establezcan una normativa de género, y normalmente son o el hijo menor o hijos únicos. En su vida, presentan excesiva represión sobre la sexualidad y muchas veces han sido víctimas de abusos, tales como seducción por parte de mayores, exposición a escenas sexuales, y erotización.

En la génesis de las parafilias, el infante queda atrapado en un vínculo que liga fuertemente la escena generadora, sea violencia, imágenes o sometimiento con la excitación sexual. En esta escena primaria hay un adulto emocionalmente significativo para el infante, que paralelamente lo somete a la escena y lo erotiza. Ocurrida durante las primeras etapas de la constitución psicosexual, el infante es expuesto a lo que, siguiendo a John Money, denominamos "vandalizaciones".
La parafilia permite el despertar de lo erótico, la actuación genital y el orgasmo, pero, solamente bajo las condiciones de la fantasía o la actuación del sustituto imaginario, de acuerdo a Seglin y Verdier.

¿Qué es el Frotteurismo?



Es un tipo de parafilia o desviación sexual que consiste en la obtención de placer, de forma preferente o exclusiva, a través del frotamiento de los órganos genitales contra el cuerpo de una persona desconocida, y sin el consentimiento de ésta. Este tipo de comportamiento no es preludio para la realización de ninguna actividad sexual posterior con la persona observada.

Los frotteurs o "froteristas" llevan a cabo este comportamiento en lugares públicos y concurridos, tales como el metro, el autobús, los conciertos o cualquier lugar donde haya público. La conducta típica consiste en acercarse a la víctima, normalmente niñas adolescentes, y apretar sus genitales contra ella, o toquetearle las nalgas y los pechos. Normalmente, el Frotteurismo va acompañado posteriormente de una masturbación, ante el recuerdo de este tipo de situaciones.

Este trastorno suele tener un carácter pasajero y se da con mayor frecuencia ente los 15 y 20 años de edad. La aparición de esta conducta se asocia a la observación de la misma en otras personas, y su posterior imitación por parte del adolescente (Crespo, Labrador y Puente, c.p. Belloch, 1995).

La Organización Mundial de la Salud concibe a la salud sexual como "la integración de los aspectos afectivos, somáticos e intelectuales del ser sexuado, de modo tal que de ella derive el enriquecimiento y el desarrollo de la persona humana, la comunicación y el amor". Hasta hace poco tiempo, la norma sexual se limitaba a la relación heterosexual institucionalizada. En la actualidad, se tiende a aceptar que el criterio de normalidad es variable y relativo desde el punto de vista social, cultural e individual. Cada sociedad, y en cada momento histórico, elabora una serie de normas que regulan la sexualidad de sus miembros. En su caso, el froterista se coloca al margen de las normas y las leyes. La mayoría de los sexólogos entienden por normalidad aquello que conduce a vivir las sensaciones y sentimientos placenteros, sin causar daño a nadie. Un criterio de normalidad fundamental es el respeto hacia la otra persona, respeto de su sexualidad y por su libertad de elección en la realización de la misma.

Cuando los comportamientos sexuales se dan de forma única y excluyente y, además hay problemas de relación interpersonal, o se daña a otra persona, como fue su caso, sería deseable la psicoterapia sexológica. La persona que la "frotó" debe, sin lugar a dudas, recibir tratamiento psicológico, y en el supuesto de ser detenido en uno de sus "frotes", deberá cumplir con las penas que existan en las leyes correspondientes a la sociedad en la cual se desenvuelve.
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